El trayecto de regreso a Lake Tahoe fue silencioso.
Nadie dijo nada.
Ni Marco, ni los guardias, ni siquiera Alessandro.
Pero el silencio en el coche se sentía más fuerte que cualquier discusión.
Mis pensamientos seguían repitiendo las mismas palabras.
Pregúntenle a su hermana.
El hombre lo había dicho justo antes de morir.
Como si fuera la pieza final del rompecabezas.
Como si todo llevara de vuelta a Isabella.
La idea se retorcía dolorosamente en mi pecho.
Isabella siempre había sido la única