Lina asintió obedientemente:
—Tranquilo, Leandro, lo tengo claro...
—Bien, ahora que Nando está dispuesto a postrarse a tus pies, será mucho más fácil manejarse en Santiago en el futuro.
En eso, Lina no lo había considerado así. Para ella, solo era como aceptar a regañadientes a un pequeño secuaz. Sin embargo, este pequeño acto de hoy ya había causado un gran revuelo en los círculos clandestinos de Santiago.
Elena no tenía idea de esto. En este momento, ella estaba sentada en el salón VIP d