Laura respondió:
—Esta mujer despreciable se está volviendo cada vez más arrogante.
Lina la reconfortó rápidamente:
—Para que alguien caiga, primero debe inflarse. Es hora de saldar cuentas con ella.
En los ojos de Lina brillaba un destello afilado. Después de colgar el teléfono, Oswaldo entró en la habitación y le informó:
—Señorita Torres, ya contactamos a Nando. Él nos ha citado para encontrarnos mañana por la noche a las ocho en Valle de Cielos.
Lina sonrió con malicia:
—Respóndel