—Lina!— la voz de Juan era profunda y prolongada. Al siguiente instante, su mirada se dirigió hacia Adrián, que estaba a un lado. —Don Adrián, ¿puedo hablar a solas con ella?
Adrián no mostró ninguna oposición y dejó la decisión en manos de Lina. Esta última mantuvo una expresión tranquila, sin mostrar ninguna emoción adicional, solo curvó ligeramente los labios.
—Sí, puedes.
Adrián frunció el ceño ligeramente antes de irse y aún lanzó un comentario antes de marcharse:
—Señor Ramírez, ya qu