—Antonio ya ha contactado con el hospital en Francia. Te enviarán al extranjero en tres días.—
Al escuchar la noticia de ser enviada al extranjero, ella suplicó suavemente, con los ojos llenos de renuencia. —Juan, no quiero irme. Quiero quedarme en Santiago contigo y nuestro hijo.—
La cara sombría de Juan no mostró signos de suavizarse y se mantuvo firme.
Elena se acercó, agarrando el brazo de Juan, sus ojos llorosos suplicaban:
—Incluso si no consideras a nuestro hijo, piensa en mi hermana