Tres días después, en la oficina de asuntos civiles. Los abogados de ambas partes acordaron un horario para realizar los trámites, y Lina y Juan aparecieron puntualmente según lo acordado.
Tomando el formulario, Lina lo llenó rápidamente, sin dudar en absoluto. Mientras tanto, Juan, por el contrario, tardó en ponerse a escribir.
Lina le echó una mirada de reojo y habló con voz fría y distante:
—Señor Ramírez, estoy apurada.
Al ser presionado, el rostro de Juan se oscureció, pero finalmente