Lina y Daniel se miraron, ambos compartiendo la misma complicidad.
Señor Montalbán, al ver esto, casi sin dudarlo salió corriendo y agarró a Antonio, empujándolo directamente frente a Lina.
—Maldito, ¿fuiste tú? ¿Te atreviste a acusar a señor Sánchez de corrupción? Parece que tienes un par de... agallas,— gritó Señor Montalbán enojado.
Antonio también estaba nervioso. Se arrastró hasta los pies de Lina y suplicó sin parar:
—Señorita Torres, por favor, perdóname. Fue un momento de debilidad, no