—¡Si está tan desesperada por irse, entonces le daré lo que quiere!
—Llama al abogado y pide cita para ir al REGISTRO CIVIL. —Dijo con el volumen que iba subiendo.
Antonio, sin embargo, no se atrevió a colgar: —Sr. Ramírez, están disponibles en cualquier momento, siempre que haya fijado una hora por su parte.
Al oír esto, Juan tiró al suelo el teléfono, que seguía en plena conversación. Se frotó la frente y dijo: —¡Bueno, Lina!
Lina, vestida con un elegante traje OL, abrió la puerta de la s