Leah
Había pasado un mes desde que todo mi mundo se vino abajo, dejándome convertida en un mar de lágrimas. Y ahora... finalmente ha llegado el momento de dejarlo ir.
Doblé la pequeña camiseta en mis manos lentamente, alisando la tela como si eso fuera a hacerlo más fácil de alguna manera. No lo hizo.
Mi visión se nubló y eché la cabeza hacia atrás, parpadeando rápidamente, negándome a dejar caer las lágrimas.
Lo iba a extrañar muchísimo. Sus risas, su voz, a qué olía, la calidez de su