Leah
El aire entre nosotros se volvió más denso mientras le sostenía la mirada, con la taza de café olvidada en la mano.
Sus ojos azul claro estaban fijos en los míos con una confianza que no le había visto antes.
—¿Te gusto?
Su respuesta llegó sin vacilar: —Sí.
No debería haber sentido ese calor trepando por mi cuello, pero así fue.
—Pensé que ya lo había dejado bastante claro.
Sabía que estaba interesado, pero que confesara que le gustaba fue inesperado.
—Soy divorciad