Leah
No podía concentrarme en el trabajo con ese maldito dibujo apareciendo una y otra vez en mi mente.
¿Desde cuándo sabía Roman de él? ¿Qué más sabe?
Mentiría si dijera que no tenía miedo. Aún recordaba lo que él decía sobre no querer traer a otro como él a este mundo. Y yo le había dicho que no era su madre.
Entonces, ¿por qué tienes miedo, Leah?
—Cielo, ¿cómo te fue hoy en el cole? —pregunté, mirándolo por el espejo retrovisor.
—No muy bien —dijo simplemente, jugando con la figura de