Leah
—Hola —susurró él.
Giré la cabeza.
Estaba tumbado boca abajo a mi lado, con la cabeza sobre la almohada y observándome como solía hacerlo siempre.
Su cabello negro caía sobre esos ojos que había pasado años intentando olvidar.
La fina cicatriz que le recorría la ceja derecha y bajaba por la mejilla seguía allí. Yo solía recorrerla con los dedos mientras él dormía.
—¿Conseguiste la vida que querías después de matarme? —preguntó.
Me dolió el corazón. —Sí.
Él se rió entre dien