De la espesa y vacía negrura sólo quedaba transparencia y voces lejanas, mi ser dentro de mí era un pequeño ovillo, un pimpollo que a pesar de estar en el comienzo de su vida le era inevitable estar marchito. Así estaba mi alma, desolada, desconsolada. Me negaba firmemente a abrir mis ojos, a enfrentar una vida sin él, simplemente no podría.
No comprendo a veces las decisiones del Ser supremo que se encuentra arriba en el cielo, juro que no. Aunque no supe a ciencia cierta si Mateo me amaba o n