— Vine porque eres mi hija Agnes, me preocupo por ti.
Una risa amarga brotó de mi garganta.
— Ahora sí soy tu hija, ¿Recuerdas cuándo te llamé? La última vez que te llamé exactamente. Si tu no lo recuerdas créeme que yo sí lo hago, recuerdo que ese día salí corriendo de las locuras de Edward y creí que quizás tal ves tu "como mi mamá" me apoyarias, que quizás vendrías corriendo a ayudarme, a cuidar de tu hija. — Dije con mi voz ronca y carrasposa, dolía en extremo hablar, dolía como el demonio