Ya había amanecido cuándo decidí levantarme de la cama, me encontraba aún un poco adolorida, pero un dolor placentero y soportable. Mateo se encontraba de espaldas y dormido, sentí hambre y decidí que haría un rico platillo. Me siento algo extraña, sí bien sé que hace rato había dicho que jamás y nunca caería en las garras de Mateo incluso llegue a decir que le odiaba.
Pero es que la vida suele ser así, las cosas llegan cuándo menos uno se lo espera, más los sentimientos que son energías inespe