*—Dante:
Cuando Ezra cerró los dientes sobre su lengua, Dante gritó y se apartó de golpe, el sabor metálico de la sangre llenándole la boca. Lo miró, atónito. Ezra le devolvió la mirada con una sonrisa torcida, peligrosa, riéndose mientras sus labios quedaban manchados con la sangre de Dante.
—Eres un… —escupió Dante, furioso.
—Suéltame —ordenó Ezra, sosteniéndole la mirada.
Dante se rio, el dolor de la lengua era insignificante comparado con la furia que lo atravesaba. No sabía hacia dónde iba