*—Ezra:
Un alivio recorrió a Ezra al ver a su jefe en el almacén, sin embargo, de un momento a otro, las feromonas alteradas del alfa lo golpearon como una ola. Entre el hedor del atacante y el olor abrasivo, visceral, de Dante, la cabeza comenzó a darle vueltas. Las luces parecían demasiado fuertes. O quizá era su cuerpo, que ya no sabía si estaba en peligro o salvado.
—Ezra —murmuró Dante, dando un paso hacia él.
Ezra retrocedió de inmediato, como si aquel paso fuera una amenaza directa. La espalda chocó contra un estante y una punzada de terror le atravesó el pecho. Sabía que la reacción era irracional, sabía que era Dante, su jefe, no un desconocido, pero su cuerpo no le hacía caso. Su cuerpo solo sabía que había dos alfas dominantes allí dentro… y él era un omega expuesto, temblando, con la camisa rota y la piel ardiendo donde las manos del atacante lo habían tocado.
Apretó más fuerte la botella. No sabía si iba a usarla. Solo sabía que necesitaba algo en las manos o se de