*—Dante:
Su omega… Su compañero…
La sonrisa que nació en los labios de Dante fue inevitable, lenta y cargada de una felicidad tan profunda que le oprimió el pecho de una manera dulce. Sus ojos se posaron en el amor de su vida, recostado de lado y dándole la espalda, completamente relajado, como si el mundo entero no pudiera tocarlo en ese instante.
Ezra dormía con una paz que solo podía venir después de una noche como la que habían compartido, una noche que no solo había sido pasión, sino un a