El almacén quedó sumido en un silencio tan denso que parecía que las paredes contenían la respiración. Mi padre, Marco Russo, estaba en la entrada trasera, cojeando pero con vida, su pecho vendado subía y bajaba mientras me miraba. Esa sonrisa débil y familiar seguía en su rostro, pero algo más oscuro se ocultaba tras ella. Algo que jamás había visto en el hombre que había pasado mi vida huyendo de deudas y malas decisiones.
—¿De qué demonios estás hablando? —susurré, con la voz quebrada. El br