El cálido sol de invierno brillaba sobre la colcha negra y, bajo esa acogedora luz, ondas oscuras surgían y se agitaban en la cama, subiendo y bajando repetidamente.
Luana no sabía en qué momento exacto se había quedado dormida, pero recordaba perfectamente la sensación de comodidad y plenitud absoluta que la invadió antes de cerrar los ojos. Sentía que cada poro de su cuerpo estaba abierto y sensible, pero al mismo tiempo, sumamente relajado.
A su lado, Alessandro la observaba con fijeza. Al co