— Qué bien. De todas formas, mamá espera que ustedes consigan evitarlo a toda costa — recordó Luana, con la voz cargada de nerviosismo. Sentía un nudo en el pecho con solo imaginar a sus tres tesoros siendo involucrados en el mundo implacable de Alessandro.
— Mamá, no te preocupes, no vamos a ir con él. Además, no es buena persona; es como un animal de sangre fría — dijo Mia, dándose palmaditas convencidas en el propio pecho.
Al escuchar eso, Luana casi pisó el freno bruscamente. El pánico la g