Luana se levantó, sintiendo el peso del cansancio, pero decidida:
— Entro yo primero.
— Luana, estoy rezando por ti — dijo Lara con sinceridad, viendo a su amiga caminar hacia el "matadero".
— Está bien, no te preocupes. Voy a estar bien — respondió Luana, dándole una palmadita alentadora en el hombro a su compañera antes de dirigirse al despacho de Paola.
Por el camino, notó las miradas de satisfacción de algunos compañeros, especialmente los aliados de Soraya. Le guardaban un rencor profundo