Hacía mucho tiempo que aquellos hombres no veían a una mujer tan deslumbrante. Luana, con su piel clara y sus rasgos delicados, era un festín para los ojos, y las mentes depravadas en aquella mesa ya comenzaban a tejer ideas obscenas sobre ella.
Luana percibió las miradas y se burló internamente. Probablemente la cabeza de estos sujetos está llena de basura, pensó. Solía vivir en una torre de marfil, protegida del mundo, pero hoy sus ojos se estaban abriendo a la cruda realidad.
— Señorita Luan