Luana ordenó de inmediato que sus hombres rastrearan los alrededores de la granja de gallinas para ver si había algún almacén en las cercanías, tal como Diego había mencionado. Ella y Diego se dirigieron rápidamente al lugar indicado en el mapa.
Al llegar al almacén, Diego confirmó con certeza: era allí. El olor a pienso y el ambiente eran inconfundibles para él. Al notar la puerta entreabierta, Luana se dio cuenta de que las personas habían salido a toda prisa. Ordenó a sus hombres que siguier