—Aunque sé que soy hermosa, todavía hay algunas personas cuyos ojos no se sienten atraídos por mí, por ejemplo... —Luana miró a Heitor a su lado—. Mi hermano no lo está.
La sonrisa de Hilda se congeló por un instante. Una expresión seria surgió en su rostro; no quería seguir discutiendo ese asunto con Luana. Dijo:
—Está bien, deja de bromear. Vamos a tomar un café.
Luana ya no estaba totalmente presente y le dijo distraídamente a Hilda:
—Deberías ir con mi hermano.
Hilda de repente comprendió a