Alessandro temblaba e intentó decir algo varias veces, pero no conseguía articular las palabras. Finalmente, logró decir, con la voz embargada: —Lo siento.
Luana se quedó atónita por un momento. ¿Qué exactamente quería decir con esa frase cargada de emoción? De repente, tuvo una idea. Quería decir algo, pero después de observar a los dos niños interactuando con él, terminó por no hablar.
El corazón de Alessandro dio un vuelco. No entendía por qué la actitud de Luana había cambiado de forma tan