Débora, con la voz temblorosa, susurró:
—Yo… yo siempre he cuidado del Sr. Curie todos estos años, me he dedicado y he estado a su lado… Ayúdeme, aunque sea por consideración.
Luana soltó una risa fría, como si hubiera escuchado el chiste más gracioso del mundo.
Le dijo a Débora:
—Eres la enfermera especial de nuestra familia. Te pagan para hacer cosas, así que es justo que las hagas.
La expresión de Débora cambió. Apretó los labios y permaneció en silencio. Si no hubiera aprovechado el mal hum