Capítulo 36

Alessandro no era un hombre dado a las supersticiones, pero aquella situación lo desafiaba: ¿sería posible que una mujer simplemente se evaporara?

La suite estaba en el último piso de un edificio con decenas de plantas. ¿Tendría el valor de saltar? Quería entender de qué era capaz Luana, pues nunca había visto nada igual en toda su vida. El Aston Martin rugía por la autopista como un rayo, cortando el camino hacia el hotel.

En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el piso noble, saltó
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