Después de regresar a casa con los niños, Luana aún se sentía perturbada. Durante el tiempo que estuvo atrapada en el hotel, intentó mantener la calma, convenciéndose de que Alessandro no llegaría a hacerle daño físico. Sin embargo, al descubrir que sus tres hijos también habían estado en el lugar y que Matteo se había arriesgado para distraer a los guardias, su corazón se disparó de puro terror.
¡Dios mío!, pensaba, con las manos temblorosas. ¿Cómo habían ido a parar sus tesoros a un lugar tan