— Perdón, mamá se olvidó.
La culpa golpeó a Luana como una ola tras otra, dejándola completamente incómoda. Lucca sonrió y negó suavemente con la cabeza.
— Mamá, hace un rato no tenía hambre.
Cuanto más sensato se mostraba su hijo, más angustiada se sentía Luana.
— Entonces, ¿a dónde vamos ahora? ¿A un restaurante o a un hotel? — preguntó Rafael con ansiedad; su estómago rugió de manera audible. No se atrevía a decir nada si nadie preguntaba, pero sentía que podría comerse una vaca entera.
— ¿T