Después de cantar las mañanitas, Luana apagó las velas. Mia corrió hacia ella y le hizo una especie de petición.
Luana le guiñó un ojo a Mia y le dijo:
—Si lo dices en voz alta, no va a funcionar.
El deseo de Luana era simple: esperaba que las personas que la rodeaban estuvieran siempre presentes para ella.
Mia dijo pensativa:
—Pero cada vez que hago una promesa, no se puede cumplir si no la digo en voz alta.
Luana miró a Mia con una mezcla de diversión y exasperación, y le preguntó:
—Entonces,