El viejo Curie quedó atónito por un momento.
—¡Lucca, por favor, no me abandones!
—Mamá, ¿no dijiste que nos perdonarías siempre y cuando pidiéramos disculpas y corrigiéramos nuestros errores de inmediato? —Lucca hizo una pausa y miró al viejo Curie—. El abuelo todavía tiene una oportunidad, ¿verdad?
El viejo Curie casi se lanza hacia Lucca, enjugando silenciosamente una lágrima en su corazón.
—¡Lucca, de verdad eres el salvador de tu abuelo!
—Sí, mi querida hija —el viejo Curie forzó apresurad