Al salir del trabajo, Luana llevó a los tres niños de regreso a la Mansión Rose.
Apenas llegaron, encontraron a Henrique esperándolos en la entrada.
Estaba apoyado contra un llamativo automóvil deportivo rojo, vestido con un traje a medida y sosteniendo un enorme ramo de flores.
Cuando vio a Luana bajar del coche, sus ojos se iluminaron.
—¡Por fin! ¡Pensé que te habías escapado!
Luana le lanzó una mirada fría.
—Estás bloqueando la entrada.
Henrique se quedó sin palabras.
Había preparado aquella