—¡¡¡Arghhhh!!!
El estruendo de objetos rompiéndose y estrellándose resonaba por toda la habitación de Gwen.
Las sirvientas permanecían de pie frente a la puerta, retorciéndose nerviosamente. Ninguna se atrevía a entrar primero. La madre de Gwen las había enviado a averiguar qué ocurría, ya que los invitados que seguían abajo empezaban a sentirse incómodos por semejante escándalo.
Con las manos sobre la cabeza, las tres sirvientas apenas podían quedarse quietas. No dejaban de caminar de un lado