Kiera
El concreto frío presionaba contra mi cuerpo cuando la consciencia regresó en fragmentos. No era el de la carretera donde me habían atropellado. Ni el suelo del bosque donde había estado cazando. Era algo más duro, más liso, cargado con décadas de polvo y abandono.
Abrí los ojos lentamente, luchando contra el peso de la inconsciencia que todavía intentaba arrastrarme de nuevo hacia abajo. Una luz tenue se filtraba por ventanas rotas colocadas en lo alto de unas paredes que se extendían de