HASSAN AL-ÁSAD
Termino de arreglarme y, al hacerlo, mi hermana levanta su pulgar y me lanza un beso, acción que me hace rodar los ojos.
Salimos de la habitación y caminamos hasta llegar a la sala donde ya mi madre nos espera con el ceño fruncido.
—No sé por qué quieres que yo los acompañe a pedir la mano de esa —habla con desprecio.
—No voy a permitir que hables así de khatibati Mi prometida madre, y mucho menos que la intentes ofender; no olvides que muy pronto ella entrará a esta casa como la