CAPÍTULO 11

HASSAN AL-ÁSAD

Termino de arreglarme y, al hacerlo, mi hermana levanta su pulgar y me lanza un beso, acción que me hace rodar los ojos.

Salimos de la habitación y caminamos hasta llegar a la sala donde ya mi madre nos espera con el ceño fruncido.

—No sé por qué quieres que yo los acompañe a pedir la mano de esa —habla con desprecio.

—No voy a permitir que hables así de khatibati Mi prometida madre, y mucho menos que la intentes ofender; no olvides que muy pronto ella entrará a esta casa como la
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