CAPÍTULO 90. ROOMIE
Iñaki inclinó su mirada color marrón, y recorrió al pequeño con parsimonia. Sus grandes manos temblaron al sostenerlo.
—No soy muy bueno con los niños —expresó—, no quiero que se vaya a despertar y se asuste al verme.
—Sabrá que eres su papá. —La voz de Antonella se fragmentó—, jamás te tendría miedo —aseguró, al tiempo que volvía a sujetar al pequeño.
—Será mejor que me vaya. —Se giró en su eje.
—No, no te vayas, no huyas, por favor —suplicó la joven—. Nos has hecho mucha falta, no imaginas cu