CAPÍTULO 8. DESPEDIDA
Eran las 12:30 de la madrugada cuando Iñaki llegó a la cocina de la casa, miró su reloj y esperó a que apareciera Sabina, recorrió con su mirada el exterior de la mansión, deseando averiguar cuál era la habitación que buscaba.
De pronto la puerta se abrió y la muchacha alumbró con una pequeña linterna que sostenía.
—Dude que estarías aquí —susurró y lo abrazó, besándolo.
—No puedo negarle algo a la sobrina de mi jefe —murmuró correspondiendo a ese beso.
—Eso me agrada. —Acercó su mano a su entr