CAPÍTULO 32. UNA MISTERIOSA PROPUESTA
Puerto Escondido, Oaxaca.
— ¡Alexia! —exclamó—. Tranquilízate por favor —solicitó.
—No quise hacerlo —expresó al mirar al médico—, lo lamento tanto —murmuró con voz trémula.
Connor frunció el ceño.
— ¿A qué te refieres? —cuestionó con voz tranquila—, estoy para escucharte —expresó al darse cuenta que aquella chica hablaba con mucho dolor—. Mírame a los ojos —solicitó, al ver como comenzaba a cambiar su postura, buscando ocultarse como si tuviera un caparazón.
—No puedo —hipó—, siento que me