En el camino, se quedó dormida. No se quedó mucho tiempo con la policía, pero sospecho que los minutos que pasó con ellos se sintieron como horas. Pasaron tantas cosas. Como la llegada sorpresa de Iván.
Cuando llego a casa, me bajo y cargo a Syra en mis brazos. No sé qué me pasó antes, pero saber lo que le hicieron me cabreó. Estuve tan cerca de volar esa maldita estación de policía.
— Caleb, hijo mío, ¡por fin estás en casa! Exclama mi madre.
Asiento con la cabeza hacia Syra, dormida, para que