El bar del hotel estaba oscuro y silencioso, el tipo de lugar al que la gente iba para tener conversaciones que no quería que nadie escuchara. Nina estaba sentada en una mesa de esquina, una copa de vino tinto frente a ella, la mirada fija en la puerta. Había estado esperando diez minutos. Estaba cansada de esperar.
Mark entró unos minutos después, la camisa arrugada, el cabello desordenado, los ojos enrojecidos. No había dormido bien. Ninguno de ellos había dormido bien. E