Se secó las lágrimas con rapidez y bajó las escaleras. Su mente seguía golpeando sin descanso, preguntándose una y otra vez si Mark había ido a delatarla o a mentir sobre ella ante Madame Anita, una mujer que no toleraba tonterías.
Salió por la puerta trasera hacia el jardín. El sol de la tarde era cálido, y el aire olía a hierba recién cortada y a rosas. Filas de flores de colores bordeaban el sendero de piedra. A lo lejos, una pequeña fuente murmuraba suavemente.
Madame Anita estaba sentada b