El sonido de la campana me saca de mis pensamientos, y Bee toma mi mano, apresurándome a clase para no llegar tarde. Al entrar, noto que todos los ojos se dirigen hacia mí, sus miradas llenas de curiosidad y murmullos flotando por el aula. Mi ceño se frunce con confusión. ¿Por qué todos me están mirando así?
Sus conversaciones en voz baja llegan a mis oídos, sus palabras cortando el aire a pesar de sus intentos de discreción.
—¿Viste las fotos?—, pregunta una voz.
—Sí, las vi. No puedo creer qu