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—¡Jane!

La voz de la enfermera resonó en la habitación, pero Romilda no se molestó en responder. Mantuvo la vista fija en la pantalla del televisor, donde se emitía un concurso.

—Jane, todavía no has tomado tu medicación. —La enfermera le extendió las pastillas.

Romilda abrió la palma de la mano y dejó que las píldoras cayeran sobre ella. Como siempre, se las tragó todas d

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