Maya se quedó durante tres horas.
En ese tiempo se comió cuatro pasteles, bebió dos tazas de té, realizó lo que ella llamó «una inspección completa del ático» y llegó a una serie de conclusiones que pensaba compartir, se las pidieran o no.
—Tiene osmanthus en tres habitaciones diferentes —dijo, de pie en la entrada de la sala de estar con los brazos cruzados—. Y lo hace a propósito.
—Sí —respondió Elena.
—Eso no es algo que un hombre haga por accidente.
—No —admitió Elena—. No lo es.
Maya se vo