Mariana soltó un suspiro al ver el cuerpo inconsciente de Alec, no estaba segura si ese era realmente su nombre, pero la verdad no importaba, por suerte para él, el Doctor Hurtado guardaba otro suero en su pequeña bodega en la que almacenaba más cajas de paracetamol y desparasitantes que otra cosa. Lamentablemente, los medicamentos eran escasos y su sueldo no era mucho como para invertir en comprar más para abastecer la pequeña farmacia de su consultorio, por supuesto, en el pueblo había alguna