RAVEN
La música cambió de nuevo, pero no la escuché. Lo único que podía ver era la forma en que se movían juntos.
No tropezaban, ni siquiera se esforzaban. Encajaban como dos piezas de un rompecabezas, moviéndose con una elegancia depredadora que hacía que todos los demás en la pista parecieran aficionados.
Podía verlo en los ojos de los nobles: la aprobación silenciosa. Se veían bien. Parecía que se pertenecían el uno al otro.
Tragué saliva con dificultad, sintiendo que la garganta se me cerra