El silencio tras el portazo fue pesado.
Me quedé en el suelo, con los dedos delineando la alfombra donde Eilís había estado de pie. La piel todavía me ardía. Esa oleada de sus emociones me había dejado vacía, como si un incendio hubiera arrasado conmigo dejando solo cenizas.
Lo estaba bloqueando.
Cada vez que pensaba que estaba siendo frío o distante, en realidad se estaba esforzando al máximo para darme espacio. Estaba luchando contra su propia naturaleza solo para que yo no tuviera miedo.
Y yo