León
El miedo en los ojos de Isabella me impactó más que cualquier otra cosa.
Sus hombros se tensaron, sus dedos se apretaron alrededor de la caja que sostenía en sus brazos como si se preparara para algo peor. Como si lo estuviera esperando.
Esperándome.
Maldita sea.
Apreté la mandíbula, obligándome a quedarme donde estaba, aunque cada instinto me gritaba que acortara la distancia entre nosotros.
—Está… está lloviendo —dijo en voz baja, con la voz temblorosa, como si necesitara explicarse. Com