—¿Qué...? —murmuró Charlotte, incapaz de creer lo que estaba oyendo—. ¡Yo no lo hice! ¡Lo juro, yo no lo tomé! —suplicó de inmediato mientras dirigía la mirada hacia Williams.
Los guardias corrieron hacia ella y uno de ellos la sujetó del brazo. Williams dejó escapar un gruñido e hizo ademán de avanzar, pero su padre le indicó con un gesto que permaneciera donde estaba. Apretó los puños y obedeció a regañadientes.
—¿Ah, sí? Entonces, ¿qué hace en tu bolso? No me digas que apareció allí por arte